Los orígenes de Orbea se remontan a mediados del siglo XIX, en Eibar, donde el primer taller de Orbea vio la luz. Asentados en el valle, su crecimiento fue sostenido hasta alcanzar los centenares de talleres. En esa época, hacia 1860 los 4 hermanos: Casimiro, Juan Manuel, Mateo y Petra trabajaron constantemente hasta alcanzar la génesis del gran referente ciclista que es Orbea en la actualidad, “Orbea Hermanos”. Lo curioso es que no fabricaban bicicletas, sino armas.

Una referencia en Eibar 

En aquella época no existían 4 marcas de referencia sino más bien innumerables talleres con su fabricación propia, lo cual supuso una gran competencia para Orbea que, a pesar de ello, supo como imponerse gracias a su rápida adopción de patentes e importación internacional de productos de referencia que posteriormente implementaban o incluso customizaban.

Orbea supo expandir su negocio a través de la fabricación de armas. Muy extendidas entre policías y ejércitos de Europa y América. Con la llegada de la segunda generación entró una ingente masa de empleados inaudita en la trama de pequeñas fábricas que les rodeaba. Orbea se consideró la primera fábrica de la historia en Eibar.

origenes de orbea

En aquella época la armería era el motor económico de Orbea que, con la llegada de la primera guerra mundial se vio envuelta en un torbellino de de subidas y bajadas avismales que llegaron a poner en riesgo la continuidad de la empresa. De la necesidad por lograr que este proyecto familiar sobreviviese surgió el negocio que les ha llevada hasta su brillante actualidad, las bicicletas.

La bicicleta tuvo la salida de Orbea

Y así entraron en la bicicleta, y no de cualquier manera, desde la más estricta mentalidad industrial, desde la gama alta. Orbea, como BH, como GAC, equipó a los mejores ciclistas del momento para hacer saber que en Eibar, la compañía iba a ser referencia. Y así fue gracias a una ampliación del catálogo de productos dirigidos a todo tipo de públicos, desde niños, madres y deportistas.

Los nombres de la victoria 

Pero los ochenta, en un clima social muy complicado, abrieron la puerta de la nueva Orbea. Con el único objetivo de modernizar la empresa, se sacó producción de la nueva planta de Mallabia. Paulatinamente la cooperativa remontaba y recuperaba el nombre y prestigio que acompañó a la marca en los años buenos. Se decidió crear un equipo ciclista para demostrar que aquello tenía futuro, para mostrar que Orbea era capaz de domar su suerte y crear máquinas que compitieran con las mejores del momento.

Y ficharon a Jokin Mujika, y a Peio Ruiz Cabestany, y a Pedro Delgado. Y con ellos llegaron éxitos de gran notoriedad, triunfos que marcaron una época, como la Vuelta a España de 1985.

La remozada Orbea asentaba su futuro y nuevos ciclistas llevaron alto su nombre, como Marino Lejarreta, cuando su constancia emergió para poner la bicicleta Orbea en boca de todos los doce meses del año. Con ella hizo grandes actuaciones en la Vuelta, Giro y Tour.

El cambio que marcó el futuro 

Cansados de los vaivenes del mercado, de las subidas irracionales de producción acompañadas de vertiginosas caídas, los gestores de la cooperativa cayeron en la cuenta de apostar por la calidad, la calidad de verdad, el producto propio.

Desde la entonces, ha logrado distinguirse como una bicicleta de una gran calidad, usada por un gran número de ciclistas profesionales y aficionados que ven en esta marca siglos de historia y una apuesta clara por un producto de una gran calidad.